Mapa topográfico Albuñol
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Albuñol
En agosto de 1804, la villa de Albuñol registró una intensa serie sísmica que venía repitiéndose desde el 13 de enero. El 22 de agosto, hacia las 15:30, se sintió un terremoto fuerte (≈50 segundos) con dirección N. E.–S. O., seguido de numerosas réplicas y ruidos subterráneos; el 25 de agosto se produjo otro sismo descrito como «violentísimo» (≈30 segundos) y, poco después, nuevas sacudidas con interrupciones durante unos 2 minutos, continuando los temblores con gran frecuencia. Los daños fueron generalizados: las dos torres de la iglesia quedaron agrietadas y muchos edificios resultaron arruinados o con riesgo de derrumbe, por lo que el vecindario se trasladó al campo; solo constan dos niños heridos por la caída de escombros. También se describieron grietas y hundimientos en laderas cercanas y un aumento de manantiales, con aguas a menudo turbias, mientras que el mar no presentó alteraciones apreciables. La reorganización liberal situó a Albuñol en un nuevo marco administrativo y funcional. La división provincial de 1833 y el decreto de 21 de abril de 1834 la establecieron como cabeza de partido judicial en la costa de la Contraviesa, reforzando su papel de articulación entre la franja litoral y los pueblos de sierra y concentrando servicios administrativos y de registro. En las décadas finales del siglo, como cabecera de partido, inventariaba numerosos caminos vecinales y celebraba ferias anuales —del 17 al 19 de octubre—; el Registro de la Propiedad, de tercera clase, daba servicio a Albuñol, Albondón, Polopos, Sorvilán y Torvizcón, y los presupuestos municipales acusaban ligeros déficits, comunes en las haciendas locales de la época. En el plano económico, la segunda mitad del siglo conoció un ciclo expansivo apoyado en el viñedo (vino de costa) y la pasa, con comercialización a través de Motril y de los embarcaderos litorales —entre ellos La Rábita—. Los vinos de Albuñol y Albondón se enviaban a plazas como Gibraltar y Málaga, y se documentan además remesas de corcho hacia Cataluña; la pluriactividad fue la norma, combinando labores agrarias con faenas de mar. En la costa granadina, el ciclo de la caña de azúcar aportó empleos estacionales y fletes que incidieron en la movilidad y los mercados de la franja Albuñol–La Rábita, aunque su rentabilidad se resintió a fines de siglo por la competencia y los cambios arancelarios. La difusión de la filoxera desde Málaga (1878) hacia la Alpujarra y la Sierra de la Contraviesa en los años siguientes supuso una conmoción: se perdieron masivamente las cepas de ladera y cayeron los circuitos de vino y pasa. La respuesta combinó reinjertos con portainjertos americanos cuando fue viable, diversificación hacia almendro e higuera y recursos habituales de las economías campesinas (pluriactividades y migraciones estacionales); aun así, la superficie vitícola no recuperó los niveles prefiloxéricos. El paisaje productivo siguió dominado por el secano de ladera —viña, cereal, olivo, almendro e higuera— apoyado por pequeños regadíos en vegas y ramblas. Hacia 1883, para el distrito se estimaban 5700–5800 ha de secano frente a unas 780 ha de regadío, con alrededor de 6500 ha destinadas a «cereales y semillas», un reparto coherente con la topografía en terrazgos y bancales y con la limitación hídrica de los fondos de valle; los informes técnicos proponían reforestaciones en cabeceras y obras de encauzamiento para mitigar avenidas y erosión y proteger tierras de riego y acequias. Ese mismo año de 1883, el Rey Alfonso XII nombra a la Villa de Albuñol, Ciudad. En la nota publicada en la Gazeta de Madrid el 20 de noviembre de 1883 —Queriendo dar una prueba de mi Real aprecio a la villa de Albuñol, Provincia de Granada, por el aumento de su población, progreso de su agricultura, industria y comercio y su constante adhesión a la Monarquía Constitucional, Vengo a concederle el título de Ciudad—. La dimensión social del siglo quedó marcada por episodios de vulnerabilidad: la epidemia de cólera de 1855 activó juntas de sanidad, controles de tránsito y derivaciones al Hospital General de Granada, y el invierno excepcionalmente duro de 1887–1888 agravó la escasez y los jornales, como reflejó la prensa provincial en cartas remitidas desde Albuñol. En lo institucional y religioso, Albuñol actuó como cabecera de arciprestazgo y concentró servicios públicos y educativos: hacia 1879–1880 se registraban nueve escuelas municipales —cinco de niños y cuatro de niñas— y dos particulares de niñas, con un conjunto de varios centenares de escolares, indicador del peso comarcal de la villa en el tramo final del Ochocientos.
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